domingo, 24 de septiembre de 2017

La Venta del Hoyo

Mencionada con ese nombre al menos desde 1780 y situada junto al Camino Real de Toledo a Valladolid (luego carretera de Ávila), debió formar parte del antiquísimo enclave de nombre Darrayel, donde se hallaron restos judíos. Esta histórica construcción muy cercana a Toledo, que perteneció al Hospitalito del Rey y que hoy está abandonada, albergaba un manantial cuyas aguas llegaron a ser comercializadas y declaradas de utilidad pública en 1918, contando asimismo con un modesto balneario. Se decía que los enfermos de diabetes mejoraban mucho con el consumo del agua que esta surgencia suministraba. Aún pueden verse desde la carretera de Ávila los restos de este complejo, cuyo entorno está hoy absolutamente degradado por una extracción de áridos que probablemente ha acabado con el manantial. Los edificios, presa del vandalismo, se encuentran en un fantasmal estado llenos de suciedad e inmundicias y amenazando con desplomarse cualquier día.
Publicidad de la Venta del Hoyo en El Financiero en noviembre de 1922

El origen del balneario, como bien cuenta Rafael del Cerro en este artículo, se sitúa en 1916, cuando su propietario, Antonio Vélez Hierro, enfermo de diabetes, notó cómo su salud mejoraba cuando descansaba en este lugar y bebía el agua que allí manaba. Analizó sus posibles propiedades terapéuticas y decidió fundar el balneario y comercializar el agua. La inauguración tuvo lugar el 23 de julio de 1917 en un acto muy concurrido con banquete servido por la casa Excelsior de Madrid.
Las botellas envasadas lucían el águila imperial, y presumían de ser «aguas bicarbonatadas, nitrato sódicas y radioactivas» para curar la diabetes, habiendo sido analizadas nada más y nada menos que por Santiago Ramón y Cajal.
Publicidad de la Venta del Hoyo
Anuncio de la Venta del Hoyo
Sin embargo, parece que algo de publicidad engañosa había, pues el propio Ramón y Cajal desmintió los hechos:
Queja de Ramón y Cajalcontra la Venta del Hoyo en La Libertad el 22 de abril de 1926
Queja de Ramón y Cajalcontra la Venta del Hoyo en La Libertad el 22 de abril de 1926
Queja de Ramón y Cajalcontra la Venta del Hoyo en La Libertad el 22 de abril de 1926

Veamos fotos antiguas de la Venta del Hoyo, como por ejemplo estas de la colección personal de Luis Alba:
Venta del Hoyo hacia 1920. Colección Luis Alba
Venta del Hoyo hacia 1920. Colección Luis Alba

La Venta del Hoyo apareció en varios reportajes de la prensa de la época por diferentes motivos:
4 de octubre de 1922, reportaje de la Venta del hoyo en Mundo Gráfico
Desfile militar frente a la Venta del Hoyo (Rodríguez)
9 de noviembre de 1919, reportaje de la Venta del hoyo en La Mañana
Venta del Hoyo

Aquí vemos su interior con la fuente decorada con cerámica con el escudo de Toledo:
Venta del Hoyo. Foto Rodríguez.

La Guerra Civil acabó con los días de esplendor de este balneario que ya nunca volvió a funcionar como tal, hasta llegar al actual abandono. Además, en la Venta del Hoyo durante la guerra tuvo lugar el fusilamiento del Capitán Alba en una historia que ha sido excelentemente recogida recientemente en el blog Toledo GCE por su autor Carlos Vega en este enlace.
Botella de la Venta del Hoyo
Botella de la Venta del Hoyo
Publicidad de la Venta del Hoyo

Sirva esta entrada de humilde recuerdo a este peculiar enclave, hoy degradado hasta límites vergonzosos, como puede verse en este estupendo enlace con fotos de David Utrilla.
Esperemos que vuelva a conocer tiempos mejores...al menos intentaremos que no caiga en el olvido.

Para saber más:
- "El Despoblado toledano de Darrayel, excavación arqueológica en el yacimiento medieval de la Venta del Hoyo", por Alberto Vicente y Juan Manuel Rojas.

sábado, 9 de septiembre de 2017

El Parador del Macho y el Barrio de San Blas

El Parador del Macho, citado en ocasiones como Venta del Macho o Parador de Macho, era un paraje situado muy cerca del Castillo de San Servando, junto al denominado Cerro de San Blas. Sus límites no están demasiado claros, si bien parece que iban desde lo alto de la ladera situada en la orilla izquierda del Tajo (terrenos que hoy ocupa el jardín frontal de la Academia de Infantería) hasta casi la propia orilla del río, en escarpado y acusado descenso topográfico. La zona alta la ocupaba una construcción sencilla que probablemente se correspondiese con la venta o parador que da nombre al lugar, que debía dar servicio al histórico camino que llegaba desde el sur de la península a Toledo, la antigua Vía Flaminia romana. En esta zona superior de la ladera se generó, probablemente alrededor de la citada venta, en las primeras décadas del siglo XX, el humilde barrio de San Blas:
Barrio de San Blas. Fondo Rodríguez, Archivo Histórico Provincial, JCCM
Barrio de San Blas. Fondo Rodríguez, Archivo Histórico Provincial, JCCM

Durante la guerra civil el barrio sufrió graves daños al situarse allí buena parte de las piezas de artillería que disparaban hacia el Alcázar durante el asedio en 1936. En 1937 también fue zona de conflicto pues las tropas republicanas procedentes de los cerros de Pozuela intentaron recuperar estos terrenos en la cruenta batalla que tuvo lugar en mayo de aquel año en toda la zona de los cigarrales al sur de la ciudad, desde el Cerro de los Palos hasta estos terrenos de San Blas. Esta vista está tomada desde San Blas una vez finalizada la guerra:
Alcázar visto desde el Barrio de San Blas hacia 1940

Pero la parte de estos terrenos más pintoresca y que dio más nombre al Parador del Macho era una humilde construcción, totalmente desaparecida en nuestros días, situada en la zona inferior de la ladera, cerca ya del río, junto a los molinos y fábricas de electricidad allí construidos (algunos de cuyos restos sí son aún hoy visibles). Esta construcción estaba pegada a la roca madre en su zona trasera y poseía un típico tejado a un agua. Delante de la puerta principal, sujeto con dos pilares de madera, un austero porche daba una pequeña sombra gracias a que en él crecía una parra. La humilde belleza de esta casita fue fotografiada por alguno de los más grandes fotógrafos que pasaron por Toledo. Particularmente bella es esta toma de Jules Gervais-Courtellemont obtenica a color real mediante la técnica del autocromo hacia 1910:
Parador del Macho y Castillo de San Servando hacia 1910. Autocromo de Jules  Gervais Courtellemont. Image by © National Geographic Society/Corbis

Son fenomenales las estampas de este lugar que logró el gran Pedro Román Martínez:
Parador del Macho hacia 1910. Foto de PEdro Román MArtínez, Diputación de Toledo (Centro de estudios Juan de Mariana)
Parador del Macho. Fotografía de Pedro Román © Fondo Rodríguez. Archivo Histórico Provincial. JCCM. Signatura

Desde el ángulo opuesto la retrató otro fotógrafo mítico como fue el alemán Otto Wunderlich:
Parador del Macho en los años 20. Fotografía de Otto Wunderlich. Fototeca del Patrimonio Cultural de España, signatura WUN-02158_P

En esta vista se ve muy bien el paraje: arriba el germen del Barrio de San Blas y en la zona baja de la ladera, junto a los molinos, la humilde construcción ya citada en tono claro:
Molinos de Alcántara y Parador del Macho a inicios del siglo XX

En esta toma se ve el camino que llegaba tanto a los molinos como al humilde Parador del Macho:
Parador del Macho y torno del Tajo. Foto Cánovas

Esta vista de los molinos con el Parador en el extremo izquierdo de la imagen es muy buena:
Parador del Macho y Molinos de San Servando hacia 1900. Colección Luis Alba.

Al final de los años 20, las obras de construcción del Puente Nuevo de Alcántara supusieron la destrucción de la pintoresca edificación, pues se hicieron voladuras en la ladera y se generó el tramo de carretera que hoy se utiliza para llegar a la zona de "La Cubana":
Construcción del Puente Nuevo de Alcántara en Toledo, hacia 1929. Fotografía de D. Pedro Román Martínez
Castillo de San Servando y Puente Nuevo de Alcántara en 1952. Fotografía de Erika Groth-Schmachtenberger © Universitätsbibliothek Augsburg

La zona se encuentra hoy muy cambiada, tanto en lo alto de la ladera donde en 1942 comenzó la construcción de la Academia de Infantería que supuso la desaparición del Barrio de San Blas, como en la zona baja, donde solo subsisten algunos ruinosos restos de los molinos que, por cierto, alguien debería pensar qué hacer con ellos:
Puente Nuevo de Alcántara. Toledo, España.
El Tajo y el Castillo de San Servando. Toledo, España.

Para terminar, me despediré con una curiosa historia que sucedió en 1860 en este Parador del Macho: el secuestro de una persona narrado por Eugenio Pantoja "Cacheta", que fue publicado por capítulos en 1877 en El Periódico para Todos. Os dejo las primeras líneas de la narración de la primera entrega, donde se describe lo lúgubre de este rocoso lugar:
Secuestro en el Parador del Macho. Publicado en El Periódico para Todos el 21 de enero de 1877

sábado, 26 de agosto de 2017

Robert Frank en Toledo en 1952: la preciosa historia de un error

Hay ocasiones en las que, al investigar sobre el pasado fotográfico de Toledo, siento que realmente solo soy un mero instrumento del que se sirven algunas historias para salir a la luz. Me pasó con la historia de la monja momificada o con la del espía Giacomo Antonini, sintiendo cómo la investigación avanzaba sin que apenas me diera cuenta, como si mis manos al teclear el ordenador estuvieran guiadas por un cerebro diferente al mío.
Pero tal vez el mejor ejemplo de lo que os cuento se produjo hace unos años, cuando mi buena amiga María de Tena me alertó sobre una publicación en El País en la que aparecía una foto supuestamente tomada por el mítico fotógrafo Robert Frank en el barrio de El Cabañal/El Cabanyal valenciano y que ilustraba la noticia de la presentación de un libro sobre las fotografías que este genio tomó en aquel barrio en 1952. Me indicaba María que esa foto le sonaba más a toledana que a valenciana...y enseguida vi que iba bien encaminada. Esa calle la conozco bien.
Quema del Judas en la Calle Santo Tomé en 1952. Fotografía de Robert Frank
Evidentemente no se trataba de Valencia sino de Toledo, de su preciosa calle de Santo Tomé donde durante varios siglos vivió mi familia materna y que forma parte de los primeros recuerdos que mis neuronas grabaron en mi memoria.
Pero, ¿cómo era posible que una personalidad de la talla de Robert Frank hubiera cometido un error tan grave y hubiera incluido esa foto en el libro sobre El Cabanyal, y a su vez hubiera servido a El País para ilustrar la noticia?
Por otro lado, la sola idea de haber descubierto esa impresionante imagen de Toledo tomada por uno de los más grandes fotógrafos de la historia no hacía más que invadir mi cabeza con la obsesión de poder narrar esta historia. Pero antes necesitaba lógicamente el permiso para publicarla, y por fortuna Robert Frank aún está entre nosotros (tiene 92 años). Había que contactar con él y, en primer lugar, alertarle del error en el libro, y en segundo lugar, preguntarle por su estancia en Toledo.
Así, inicié una sistemática tarea de búsqueda de posibles maneras de llegar hasta el propio Robert Frank. No fue nada fácil. Muchos caminos se cortaban al segundo o tercer eslabón. Pero la tenacidad siempre tiene premio, y un buen día conseguí entrar en contacto con sus asistentes personales, a quienes siempre agradeceré su amabilidad y generosidad a la hora de tratarme y permitir contaros esta historia. Hablaron con él, le mostraron fotos antiguas y actuales de la misma perspectiva que les envié como prueba, y le explicaron que ahí había un error y una historia que contar. Por desgracia, más de sesenta años es mucho tiempo y Robert no recordaba su periplo por España con nitidez. Sin embargo, sí recordó haber visitado Toledo, en fechas muy próximas a su visita a Valencia. Había que conseguir el rollo de negativos para descifrar el misterio de la valencianización de aquella soberbia foto. Y, en un detalle que jamás olvidaré, buscaron el rollo y me enviaron la secuencia. Hoy tengo el placer de mostrároslo. Pero antes, es mi obligación resumiros brevemente la vida de este verdadero símbolo universal de la fotografía:
Robert Frank nació en el seno de una rica familia judía el 9 de noviembre de 1924 en Zúrich (Suiza) y está incluido en esa selecta lista de los fotógrafos más influyentes de la historia del siglo XX y comienzos del XXI.
Robert Frank en 1996 fotografiado por Koos Breukel
Se interesó por la fotografía en lugar de continuar con los negocios familiares, creando su primer libro de fotografías en 1946. Al año siguiente emigró a Estados Unidos trabajando en Nueva York como fotógrafo de moda para Harper's Bazaar. Recorrió Sudamérica y Europa para volver a EE.UU. en 1950, exponiendo en una muestra colectiva en el Museo Arte Moderno de Nueva York, MoMa. Comenzó a percibir en la sociedad norteamericana un excesivo protagonismo del dinero, retratando el país como un lugar a menudo triste y solitario. Tras una temporada en París, en 1953 vuelve a Nueva York vendiendo fotografías a revistas como McCall's, Vogue, y Fortune. En 1955 recorrió Estados Unidos para fotografiar la sociedad en todos sus estratos, tomando 28.000 fotografías durante varios años. Seleccionó 83 de ellas para su famoso libro The Americans. El carácter crítico de la obra hizo que no fuese fácil su publicación en EE.UU., viendo la luz en 1958 en París, y posteriormente en 1959 en Estados Unidos, recibiendo duras críticas. Con el paso del tiempo, sin embargo, The Americans se convirtió en una referencia de la fotografía y la historia del arte estadounidense. En 1961 expuso individualmente en Chicago y en 1962 lo hizo en el MoMA. Frank se convirtió también hacia 1960 en realizador de películas como Pull my Daisy o Sin of Jesus. Su documental de 1972 sobre los Rolling Stones titulado Cocksucker Blues, es considerado su mejor filme. Retomó la fotografía en los años 70. En 1994 la National Gallery de Washington presentó una exposición retrospectiva de su obra, titulada Moving Out. En 2007 recibió el premio PhotoEspaña.
Volvamos a la visita de Frank a Toledo. Como os decía, en la secuencia de negativos de la imagen tenía que estar la clave, y así fue. El mismo carrete contenía correlativamente fotos de Valencia y fotos de Toledo. El paso del tiempo hizo que el propio Frank pensara que todo el carrete se correspondía con su extenso reportaje del Cabanyal...olvidando que seis de las imágenes del carrete las tomó en Toledo. Fotos, por otra parte históricas, pues retrató la ya desaparecida costumbre de la quema del Judas en Santo Tomé, que se celebraba el Domingo de Resurrección, lo que me permitió datar las fotos como tomadas exactamente el día 13 de abril de 1952. Esta es la secuencia:
Secuencia de las fotos de Robert Frank tomadas en Toledo y en Valencia en abril de 1952

Ampliando las imágenes se observa que la fotografía de Santo Tomé fue tomada en un grupo de 4 preciosas imágenes, una de ellas obtenida en el sentido opuesto:
Toledo en abril de 1952 por Robert Frank © Robert Frank
Toledo en abril de 1952 por Robert Frank © Robert Frank
Toledo en abril de 1952 por Robert Frank © Robert Frank
Toledo en abril de 1952 por Robert Frank © Robert Frank

Las otras dos fotografías fueron obtenidas en las inmediaciones del Alcázar, por entonces en ruinas desde el asedio de 1936. Aún faltaba más de una década para la finalización de su reconstrucción:
Toledo en abril de 1952 por Robert Frank © Robert Frank
Toledo en abril de 1952 por Robert Frank © Robert Frank

Algunas fotos de la secuencia muestran sábanas tendidas y escenas de campo, siendo difícil saber si es Toledo o Valencia. El final del carrete aparece ya con imágenes tomadas en Valencia.
La generosidad de Robert Frank me permitió, además, publicar la famosa fotografía en alta resolución en el libro Toledo Olvidado 3 en diciembre de 2015, tres años después del inicio de esta investigación con maravilloso final.
No cabe duda de que hay historias que están esperando que alguien las narre, y hacen todo lo posible por aflorar sirviéndose de herramientas muy variopintas. En esta ocasión hicieron falta más de 60 años y un error de identificación para que el legado toledano de Robert Frank viera la luz. Yo solamente pasaba por allí...

sábado, 22 de julio de 2017

Toledo en 1906 fotografiado por el químico francés Charles Fournier

En 1906 visitó Toledo el eminente químico francés Charles Fournier, que tres años atrás había patentado junto a Hermann Cuenod por 20 años "un procedimiento perfeccionado relativo á la electrólisis de los cloruros alcalinos con aparato a propósito para realizar este perfeccionamiento", lo que viene a ser lo que conocemos como una pila.
En ese periplo, que comenzó en Madrid, además de tierras castellanas también visitó las ciudades de Algeciras, Alicante, Elche, Cádiz, Córdoba, Gibraltar, Sevilla y Ronda.
En su estancia en España obtuvo al menos 200 fotografías en placas de vidrio y negativos de nitrato de 9 x 12 cm que en 2004 fueron donadas por su compatriota Pierre Morlón al Instituto del Patrimonio Cultural de España (IPCE), que en su excelente labor divulgadora ha digitalizado dichos fondos recientemente para engrosar su espectacular fototeca.
Las imágenes tomadas en Toledo por Fournier son 14 y lo cierto es que poseen bastante belleza, como podréis comprobar a continuación.
Comenzaremos por ver una de las mejores, tomada en la Plaza de Zocodover, que además ha sido la llave para poder datar sin ningún género de dudas las fotografías. La plaza sufrió en 1906 algunos cambios, como por ejemplo fue la sustitución de las viejas acacias por árboles de la especie Catalpa bignonioides, que por aquel entonces estaba comenzando a ponerse de moda en las plantaciones de varios lugares de España. En la fotografía de Fournier aparecen los árboles recién plantados, aún sin hojas y casi sin ramas (tal como debieron venir del vivero) y con protectores de madera en cada tronco. Dicha plantación fue un rotundo fracaso pues es una especie que en Toledo solo a veces funciona, y no permanecieron en la plaza más allá de 1915, menos de 10 años después de ser plantados:
Plaza de Zocodover hacia 1906. Fotografía de Charles Fournier © Fototeca del IPCE, MECD. Signatura MOR-015_P

Otra bella imagen de Fournier fue tomada junto al Hospital de Santa Cruz:
Hospital de Santa Cruz hacia 1906. Fotografía de Charles Fournier © Fototeca del IPCE, MECD. Signatura MOR-014_P

El Claustro de San Juan de los Reyes, visita obligada de todo buen amante del arte que llega a Toledo, aparece en estas estampas:
Claustro de San Juan de los Reyes hacia 1906. Fotografía de Charles Fournier © Fototeca del IPCE, MECD. Signatura MOR-013_P
Clasutro de San Juan de los Reyes hacia 1906. Fotografía de Charles Fournier © Fototeca del IPCE, MECD. Signatura MOR-012_P

Son curiosas las vistas que Fournier obtuvo en el camino que a buen seguro recorrió a pie desde la estación de Ferrocarril hasta el Puente de Alcántara:
Puente de Alcántara y Alcázar hacia 1906. Fotografía de Charles Fournier © Fototeca del IPCE, MECD. Signatura MOR-003_P
Puente de Alcántara y Alcázar hacia 1906. Fotografía de Charles Fournier © Fototeca del IPCE, MECD. Signatura MOR-004_P
Vista del Alcázar y el Paseo del Carmen hacia 1906. Fotografía de Charles Fournier © Fototeca del IPCE, MECD. Signatura MOR-006_P
Torno del Tajo y Turbinas de Vargas hacia 1906. Fotografía de Charles Fournier © Fototeca del IPCE, MECD. Signatura MOR-005_P

En el Puente de Alcántara el galo retrató a esta señora que nos recuerda que eso del calor en Toledo no es nada nuevo, cobijada bajo una sombrilla:
Castillo de San Servando visto desde el Puente de Alcántara hacia 1906. Fotografía de Charles Fournier © Fototeca del IPCE, MECD. Signatura MOR-007_P

Muy bella es esta vista de la Playa de Safont con Tavera al fondo:
Vista de Tavera desde la Playa de Safont hacia 1906. Fotografía de Charles Fournier © Fototeca del IPCE, MECD. Signatura MOR-002_P

Charles Fournier se adentró en la Sinagoga de Santa María la Blanca:
Sinagoga de Santa María la Blanca hacia 1906. Fotografía de Charles Fournier © Fototeca del IPCE, MECD. Signatura MOR-011_P

Es muy bella esta vista desde el extremo del Paseo del Transito, casi en Roca Tarpeya:
Vista del Puente de San Martín desde Roca Tarpeya hacia 1906. Fotografía de Charles Fournier © Fototeca del IPCE, MECD. Signatura MOR-010_P

Aquí vemos el patio del Alcázar:
Patio del Alcázar hacia 1906. Fotografía de Charles Fournier © Fototeca del IPCE, MECD. Signatura MOR-008_P

Para finalizar, esta joya: la vista de la calle Ancha en 1906. A la derecha se ve la tienda de productos químicos (tal vez un guiño de Fournier a su profesión) regentada por Mariano Miedes. Algo más abajo vemos la tienda de Felicidad Peñalver, sombrerería de mujeres y niños, que ocupó un tiempo el local en esquina con la plaza de Solarejo que durante décadas fue más tarde el estudio de fotografía Rodríguez:
Calle Comercio o Ancha hacia 1906. Fotografía de Charles Fournier © Fototeca del IPCE, MECD. Signatura MOR-009_P

Como curiosidad, comentaros que esa señora, doña Felicidad Peñalver, llegó a ser centenaria, lo que motivó que los periódicos de 1968 se hicieran eco de ello:
Felicidad Peñalver cumple 100 años. ABC del 19 de marzo de 1968.

Agradeciendo al IPCE su inmensa labor divulgadora y preservadora del legado fotográfico español, espero que estas 14 imágenes os hayan permitido disfrutar de un viaje en el tiempo al Toledo de hace 111 años.
© TOLEDO OLVIDADO
Maira Gall