sábado, 6 de diciembre de 2014

El Cigarral El Bosque (o la prueba de que Arredondo engañó a Galdós)

Hay ocasiones en las que parece que las fotografías antiguas quisieran hablarte, cobrar vida propia y narrarte historias que habían caído en el olvido. Os preguntaréis por qué comienzo esta entrada con esta reflexión, y enseguida lo vais a comprender.
Los lectores más habituales del blog recordaréis que hace unos meses -en julio de 2014- publiqué una entrada dedicada a la Venta del Alma en la que además de fotografías de dicha venta figuraban otras de una venta desconocida. Estas fotos aparecían porque a base de mirar cientos de imágenes había descubierto que el célebre cuadro que Ricardo Arredondo regaló a Benito Pérez Galdós y que tituló "la Venta del Alma" en realidad no representaba a ésta sino a la otra, hasta hoy deconocida. En este cuadro que Galdós colocó en su casa de "San Quintín" en Santander figuraba en el reverso esta dedicatoria: "A Benito P.Galdós / su admirador / R. Arredondo". El cuadro además incluía un autorrerato de Arredondo a caballo:
"La Venta del Alma por Ricardo Arredondo. En realidad se trata de otra venta

En aquella entrada pude demostrar gracias a unas fotografías del nunca suficientemente reconocido Pedro Román que el cuadro de Arredondo representaba esta otra construcción, que desde luego no era la Venta del Alma.
Pero, ¿de qué construcción se trataba entonces? Por el análisis del paisaje circundante yo elucubraba en aquella entrada que pudiera tratarse de alguna otra venta en el entorno "en dirección a Layos o La Bastida". Y la verdad es que no andaba muy descaminado.
Un buen día de octubre, organizando fotos de mi archivo, me topé con las imágenes de uno de los cigarrales históricos a los que debía una entrada: el Cigarral El Bosque. Mientras las clasificaba y ordenaba sin prestar demasiada atención, una de esas fotografías de pronto captó poderosamente mi atención. Esta fotografía del año 1929 representaba la capilla del mencionado cigarral pero enseguida me trajo a la memoria una de aquellas fotos de Pedro Román de la "venta desconocida". Las similitudes constructivas eran evidentes, aunque la de Román -tomada hacia 1910- representaba una humilde edificación y la de 1929 mostraba una capilla bien conservada:
Venta en Toledo a comienzos del siglo XX. Fotografía de Pedro Román Martínez. Centro de Estudios Juan de Mariana. Diputación de Toledo
Cigarral el Bosque de Toledo. Fotografía publicada en la Revista Toledo en febrero de 1929

Esta comparación podría haberse quedado para siempre en el terreno de la mera elucubración. Sin embargo quiso el destino que no fuera así. La foto de 1929 había sido publicada en febrero de ese año en la Revista Toledo con motivo de un reportaje dedicado a la reforma y recuperación del cigarral El Bosque que acababan de efectuar sus propietarios los Marqueses de la Vega de Retortillo. En el texto del mencionado reportaje, pensé, podía encontrarse la clave para desentrañar el misterio. Y afortunadamente así fue: en una parte del texto se encontraba la prueba de que la similitud de las fotografías no era casual:
Extracto del artículo sobre el cigarral El Bosque de febrero de 1929 publicado en la revista Toledo

Quedaba así claro que Arredondo había "engañado" a Galdós pintando en su cuadro la casa de los cigarraleros de El Bosque y no la Venta del Alma.
Además, por el análisis de las personas -sobre todo niños- que aparecían en las fotos de Pedro Román he podido comprobar que la serie de imágenes tomadas en este lugar por este fotógrafo es muy amplia y excepcional, encontrándose entre ellas algunas de las más bellas de su obra etnográfica toledana. Estas son las fotografías tomadas en el cigarral El Bosque por Román:
Niños en una venta hacia 1910. Fotografía de Pedro Román Martínez (c) JCCM, AHP, Fondo Rodríguez. Signatura R-128-2-03
Niños en una venta hacia 1910. Fotografía de Pedro Román Martínez (c) JCCM, AHP, Fondo Rodríguez. Signatura R-150-3-01
Niñas en una venta de Toledo a comienzos del siglo XX. Fotografía de Pedro Román Martínez. Centro de Estudios Juan de Mariana. Diputación de Toledo
Niños en una venta de Toledo a comienzos del siglo XX. Fotografía de Pedro Román Martínez. Centro de Estudios Juan de Mariana. Diputación de Toledo
Niña alimenta gallinas a comienzos del siglo XX. Fotografía de Pedro Román Martínez. Centro de Estudios Juan de Mariana. Diputación de Toledo
Niña en una venta hacia 1910. Fotografía de Pedro Román Martínez (c) JCCM, AHP, Fondo Rodríguez. Signatura R-144-1-01-pequena
Familia en una venta (¿Venta del Alma?) hacia 1910. Fotografía de Pedro Román Martínez (c) JCCM, AHP, Fondo Rodríguez. Signatura R-137-3-04
Niños en una venta de los cigarrales hacia 1910. Fotografía de Pedro Román Martínez (c) JCCM, AHP, Fondo Rodríguez. Signatura R-137-3-06
Niños en una venta hacia 1910. Fotografía de Pedro Román Martínez (c) JCCM, AHP, Fondo Rodríguez. Signatura R-150-4-06
Niña en una venta hacia 1910. Fotografía de Pedro Román Martínez (c) JCCM, AHP, Fondo Rodríguez. Signatura R-150-3-15
Niños en un cigarral. Fotografía de Pedro Román © Fondo Rodríguez. Archivo Histórico Provincial. JCCM. Signatura R-150-3-16
Una venta de Toledo. Probable foto de Pedro Román. Fondo Rodríguez. AHPT, JCCm signatura Album4-1663

Llegados a este punto es obligatorio hablar de la historia de este lugar. El Cigarral El Bosque es uno de los históricos de la ciudad y uno de los más grandes, con más de 14 hectáreas de extensión. Según nos cuentan Alfonso Vázquez y Pilar Morollón en su excelente estudio sobre los cigarrales publicado en 2005, su origen se remonta al comienzo del siglo XVI, fecha en que el canónigo obrero de la catedral Diego López de Ayala -fallecido en 1560-, que fuera humanista, mecenas y escritor de corte italianizante así como traductor de la Arcadia de Sannazaro y algunas obras de Bocaccio, construyó un Cigarral y plantó un bosque. Todo ello sucedió antes de 1533, ya que en esa fecha el canónigo vendió parte de esta heredad, denominada entonces la Bastida, al racionero Rodrigo de Bracamonte. Tal era la importancia de este personaje que se sabe que Diego López de Ayala reunía en su casa una tertulia literaria en la que, en septiembre de 1534, intervino el mismísimo Garcilaso de la Vega "recitando sus poesías a los acordes de la vihuela" (Juan Carlos Pantoja Rivero (ed.), Libro segundo de Espejo de caballerías, 2009).
Gracias a este fenomenal estudio de Vázquez y Morollón sabemos también que la finca tenía un censo a favor del Hospital de la Misericordia de 1.600 maravedíes. Hasta la reforma de 1929 aun subsistía parte del edificio principal con un porche sustentado por dos columnas renacentistas similares a las diseñadas por Alonso de Covarrubias y tras el porche existía un salón con hornacina para un aljibe con decoración epigráfica latina. En el segundo piso se encontraba una galería cubierta sustentada por zapatas de madera tallada.
En la parte posterior del edificio se situaba una arqueta para embalsar agua destinada al riego. Se llenaba con agua procedente de la fuente de Ciciones -de la que se decía tenía propiedades para curar males y fiebres-, manantial que manaba bajo el Cigarral. El Cigarral pasó por herencia del canónigo al mayorazgo de los Ayala, al que siguió perteneciendo hasta el siglo XVIII, siendo su propietario Luis José de la Vega, vecino de Calera. Sus dimensiones eran entonces de treinta fanegas, de las cuales veintiuna estaban dedicadas al cultivo de albaricoque. Poseía casi trescientas olivas y nueve fanegas para la siembra de cereal "de año y vez". Su explotación era indirecta estando arrendada por importe de 420 reales anuales. El perímetro estaba totalmente cercado de tapias de tierra y dentro del mismo se levantaba la casa principal anteriormente descrita que era de planta cuadrada típicamente renacentista, con un solar de 21 por 21 varas, que ocupaba el guarda del Cigarral. Antonio Martín Gamero habló en el siglo XIX de la decadencia de este cigarral, que ya entonces pertenecía a Antonio Maldonado:

“Testimonio de lo primero nos ofrece el famoso Cigarral del Bosque, una de las mejores posesiones de su
género, al lamentarse de la triste soledad que cerca a aquellos sititos cuando no tienen fruto”.


De este modo llegamos a 1929, año en que los propietarios -los marqueses de la Vega de Retortillo- reformaron el cigarral.
Agustín Retortillo y León, I Marqués de la Vega de Retortillo. Propietario del Cigarral El Bosque a comienzos del siglo XX. Foto publicada en Mundo Gráfico el 10 de enero de 1917

Con motivo de esta reforma fue publicado en la Revista de Arte Toledo el artículo mencionado ilustrado con las preciosas fotografías de Rodríguez:
Artículo sobre el Cigarral el Bosque de Toledo. Fotografía publicada en la Revista Toledo en febrero de 1929
Artículo sobre el Cigarral el Bosque de Toledo. Fotografía publicada en la Revista Toledo en febrero de 1929
Artículo sobre el Cigarral el Bosque de Toledo. Fotografía publicada en la Revista Toledo en febrero de 1929
Cigarral el Bosque de Toledo. Fotografía publicada en la Revista Toledo en febrero de 1929
Cigarral el Bosque de Toledo. Fotografía publicada en la Revista Toledo en febrero de 1929
Cigarral el Bosque de Toledo. Fotografía publicada en la Revista Toledo en febrero de 1929
Cigarral el Bosque de Toledo. Fotografía publicada en la Revista Toledo en febrero de 1929
Cigarral el Bosque de Toledo. Fotografía publicada en la Revista Toledo en febrero de 1929
Cigarral el Bosque de Toledo. Fotografía publicada en la Revista Toledo en febrero de 1929
Artículo sobre el Cigarral el Bosque de Toledo. Fotografía publicada en la Revista Toledo en febrero de 1929

De esta época data la preciosa portada que hoy subsiste justo enfrente de la gasolinera de La Olivilla:
Cigarral el Bosque de Toledo. Fotografía publicada en la Revista Toledo en febrero de 1929

Así permaneció el cigarral hasta comienzos del siglo XXI en que en este lugar se construyó el polémico edificio que hoy alberga uno de los pocos hoteles de 5 estrellas de la ciudad.

Un cigarral histórico con una vida cotidiana retratada a comienzos del siglo XX por Pedro Román y que hoy hemos podido identificar y ubicar gracias a la magia de la fotografía histórica.

sábado, 22 de noviembre de 2014

1906: Joaquín Sorolla inmortaliza en Toledo el alma de Castilla

En este curioso país llamado España, las denominadas "realidades históricas" suelen enarbolarse más para dividir que para cultivar un sano patriotismo basado en la riquísima diversidad de las tierras que lo conforman. Sin embargo, una de sus realidades históricas más notables e indiscutibles languidece hecha jirones, dividida en cinco o seis pedazos, menospreciada y casi olvidada por sus propios habitantes. Me estoy refiriendo a Castilla. Sí, Castilla, sin más. La muy discutible división territorial de la última transición y el taifismo imperante en la gestión de las comunidades autónomas hace que estas porciones de Castilla vivan a menudo ignorándose unas a otras pese a los históricos lazos que las unen y que -le pese a quien le pese- las seguirán uniendo en el futuro.
No fue sin embargo así en un pasado aún reciente: Castilla fue para los miembros de la Generación del 98 una de sus mayores fuentes de inspiración. De este modo Castilla formó parte esencial de la obra de genios de la literatura como Antonio Machado, Azorín, Pío Baroja, Miguel de Unamuno, Blasco Ibáñez o Jacinto Benavente.
La influencia de este grupo de intelectuales llegó a otros campos como por ejemplo la pintura. En aquellos años, uno de los pintores más destacados del panorama nacional era el valenciano Joaquín Sorolla y Bastida.
Sorolla en la Playa de la Malvarrosa
Aunque sus relaciones con los miembros de la Generación del 98 no fueron siempre idílicas -especialmente por las diferencias entre los temas abordados en sus cuadros y las ideas regeneracionistas de los miembres de este grupo, más interesados en abordar los graves problemas del país- Sorolla entabló amistad con varios de ellos como Blasco Ibáñez (también valenciano) o Azorín, y retrató a muchos de sus miembros y simpatizantes.
Estas influencias mutuas hicieron que Sorolla también comenzara a mostrar gran interés por Castilla, especialmente animado por otros pintores como Aureliano de Beruete -que pintaba asíduamente en Segovia y en Toledo-. De este modo Sorolla, hasta entonces básicamente interesado como buen valenciano en exteriores ligados al mar, comenzó a enamorarse del paisaje y el paisanaje castellano, siendo capaz como pocos de atrapar su esencia en trabajos desarrollados no solo en Toledo sino en Segovia, Ávila, Burgos y otras muchas localidades castellanas.
Se sabe por una carta enviada por Sorolla a su mujer Clotilde que ya estaba en Toledo el día 21 de octubre de 1906, acompañado por Beruete, que siempre venía a Toledo a pintar en otoño y se alojaba (¡cómo no!) en el Gran Hotel de Castilla (comúnmente conocido como Hotel Castilla) de la toledana plaza de San Agustín. La impresión que causó Toledo en Sorolla debió ser inmensa, pues en su corta estancia hasta el 4 de noviembre pintó nada menos que veinte lienzos y bocetos. Como muestra de su idilio con la ciudad sirvan estas palabras del pintor en la carta a su esposa:

«Este pueblo, instalado una larga temporada, podría ser muy importante para el arte español, modestias aparte. Aquí, y no en Madrid, deberíamos vivir los que nos dedicamos a la pintura, pues nada hay en Italia y Bélgica que lo iguale; hoy mismo he visto el hospital o la iglesia de Santa Cruz, y me he quedado con la boca abierta. ¡Cuánta hermosura! ¿Qué sería de este pueblo en tiempos de Carlos V? En fin, no hay sino deplorar la incuria y la miseria de España (...). Todo desaparecerá, pues lo absorbe todo Madrid, y esto es albergue de cadetes, curas y de pobres que no dejan de andar por las calles.
(...) Es una poesía la que hay en Toledo, un misterio tan profundo, que sin esfuerzo vives en pleno siglo XVI.»


De esta primera visita de Sorolla a Toledo se conservan en el Museo Sorolla varias fotografías en las que aparece el pintor con su mujer e hijos mientras pintaba alguna de sus obras maestras. Constituyen documentos históricos de enorme valor no ya solo por su antigüedad sino por permitir ver al pintor desarrollando su labor creativa en aquellos intensos días en lugares perfectamente identificables por los que hoy pasamos a diario.
De todas las fotografías es probable que la más simbólica sea en la que aparece el pintor con su mujer e hijas -puede que el fotógrafo fuese su hijo Joaquín- pintando nada menos que su célebre "El ciego de Toledo" hoy propiedad del Meadows Museum en EE.UU. y que se expone estos días en la estupenda exposición de la Fundación Mapfre. Como se puede apreciar con claridad, Sorolla pintó el cuadro en la Bajada de Doce Cantos:
Joaquín Sorolla en Toledo en el otoño de 1906. Álbum familiar © Museo Sorolla, MECD
Sorolla, Joaquín. 1906. El ciego de Toledo. Óleo sobre lienzo, 62 x 93cm. Dallas . Meadows Museum

Otra estupenda fotografía es esta en la que vemos al matrimonio Sorolla junto al Puente de San Martín con San Juan de los Reyes al fondo:
Joaquín Sorolla en Toledo en el otoño de 1906. Álbum familiar © Museo Sorolla, MECD

También es sensacional esta otra en la que el pintor se sitúa pegado a los muros del Castillo de San Servando...¡cuánta historia en una sola foto!
Joaquín Sorolla en Toledo en el otoño de 1906. Álbum familiar © Museo Sorolla, MECD

Preciosa es también esta toma de su familia junto al entonces limpio Tajo -otra de las vejaciones que sufre Castilla en nuestros días- muy cerca de los restos de lo que fue el Artificio de Juanelo:
La familia de Joaquín Sorolla en Toledo en el otoño de 1906. Álbum familiar © Museo Sorolla, MECD

Esta fotografía está tomada desde el Paseo del Carmen y probablemente aparece en ella Joaquín Sorolla hijo:
Joaquín Sorolla en Toledo en el otoño de 1906. Álbum familiar © Museo Sorolla, MECD

No fue la última vez que Sorolla vino a la ciudad, sino que a esta visita le siguieron varias más hasta al menos 1913. De su talento a la hora de retratar los paisajes españoles tuvo noticia Archer M. Huntington, fundador de la Hispanic Society of America, que le encomendó en noviembre de 1911 la colección "Visión de España", en el que destaca "Castilla: La Fiesta del Pan", un soberbio mural de 3,51 metros de altura por 13,92 metros de ancho en el que a modo de alegoría figuran los habitantes de las comarcas castellanas y en el que son perfectamente identificables como fondo las ciudades de Toledo y de Ávila.
Castilla. La Fiesta del Pan. Pintado por Joaquín Sorolla en 1913 para la Hispanic Society

Con el deseo de que os hayan gustado estos documentos históricos solo me queda animaros a visitar la mencionada exposición de la Fundación Mapfre "Sorolla y Estados Unidos", abierta hasta el 15 de enero de 2015.

Para saber más:

- Los cuadros de Toledo pintados por Sorolla (entrada del blog Siempre Contigo).
- Cartas de Aureliano de Beruete a Joaquín Sorolla.
- Exposición Sorolla y Castilla.

Vista de la calle Recoletos pintada por Sorolla desde el Hotel Castilla:
"Una calle de  Toledo", obra de Joaquín Sorolla. Pintado desde el Hotel Castilla, donde se alojaba. La que se ve es la calle Recoletos. Otoño de 1906.

viernes, 7 de noviembre de 2014

Audrey Hepburn en Toledo gracias al Greco

Creo que a estas alturas ya nadie en Toledo duda que el Greco es y será para siempre uno de nuestros mayores reclamos y nuestro principal activo cultural y económico exceptuando los edificios monumentales. Así debe entenderlo la ciudad -empresarios, ciudadanos, instituciones y gobernantes- cuando este maravilloso 2014 termine. El Greco no debe ser reivindicado -y rentabilizado- una vez cada siglo a golpe de centenario sino que el éxito de este año debe interpretarse correctamente: sí, se ha aprovechado bien la ocasión, pero ha quedado patente que con anterioridad no se había entendido su enorme potencial.
Una prueba de que el magnetismo del Greco no depende solo de centenarios son las fotos -absolutamente desconocidas por increíble que parezca- que hoy os traigo. Corría el año 1964 cuando el actor y productor estadounidense de origen español Mel Ferrer se disponía a cumplir uno de sus sueños más anhelados: producir y protagonizar una superproducción sobre la vida de uno de sus personajes más admirados, el Greco. El interés de Mel Ferrer por la figura del cretense era inmenso, hasta el punto de autodenominarse como un "fanático" del pintor en una entrevista concedida a Miguel Veyrat para Blanco y Negro publicada el 8 de agosto de 1964:
Extracto de la entrevista realizada por Miguel Veyrat a Mel Ferrer para <i>Blanco y Negro</i> publicada el 8 de agosto de 1964

Ferrer preparó a conciencia la película, empapándose de la ciudad desde más de un año antes, visitando Toledo en varias ocasiones con tal motivo:
Mel Ferrer en Toledo en el invierno previo al rodaje de El Greco (finales de 1963 o comienzos de 1964). Publicada en Blanco y Negro el 8-8-1964

Sabedor de que iba a ser una película cara de producir -inasumible para la indistria española- y llevado por su pasión, Mel Ferrer decidió correr con todos los gastos de la producción:
Extracto de la entrevista realizada por Miguel Veyrat a Mel Ferrer para Blanco y Negro publicada el 8 de agosto de 1964

En su mente estaba realizar una obra diferente y ambiciosa, no encasillada en las habituales películas biográficas:
Extracto de la entrevista realizada por Miguel Veyrat a Mel Ferrer para Blanco y Negro publicada el 8 de agosto de 1964

Hasta aquí la historia es más o menos conocida. Lo más sorprendente a mi juicio y casi olvidado por la ciudad hasta la fecha es que esta pasión de Ferrer por el Greco trajo a Toledo a uno de los iconos del siglo XX. Y es que Mel Ferrer, además de actor y productor, era por aquel entonces el marido de Audrey Hepburn, sin lugar a dudas una de las actrices más influyentes en la historia del cine y que aún hoy es admirada e imitada por millones de personas a lo largo del mundo.
Quiso además el destino que la grabación de la película coincidiera con un momento muy especial en sus vidas: el 25 de septiembre de 1964 Mel Ferrer y Audrey Hepburn celebraban nada menos que su décimo aniversario de bodas y, para celebrarlo, la mítica actriz vino a Toledo y paseó por nuestras calles su inolvidable sonrisa y su inconfundible estilo lleno de glamour. Audrey y Mel fueron fotografiados en la Plaza del Ayuntamiento con la fachada de la Catedral al fondo:
Audrey Hepburn y Mel Ferrer en Toledo durante el rodaje de El Greco en septiembre de 1964

En estas fotografías tomadas con el Palacio Arzobispal de fondo en un descanso del rodaje aparece también la actriz Lucía Bosé, que formaba parte del reparto de la película. Para los amantes de la moda señalar que Audrey lucía un vestido de Givenchy de lana amarilla -versión creada especialmente para el vestuario de su personaje Regina Lampert en "Charada", que usaba este mismo vestido con un cinturón negro-, un turbante también de Givenchy de color marrón con un pequeño estampado, un cinturón Givenchy de gamuza en color amarillo -versión creada exclusivamente para ella a partir del mismo modelo original en negro- y un bolso de Cartier de Londres:
Audrey Hepburn, Mel Ferrer y Lucía Bosé en Toledo en Septiembre de 1964 durante un descanso del rodaje de El Greco junto al Palacio Arzobispal.
Audrey Hepburn y Lucía Bosé en Toledo en septiembre de 1964
Audrey Hepburn y Mel Ferrer en Toledo. Fotografía publicada el 17 de octubre de 1964. Blanco y Negro

En estas imágenes vemos a la célebre pareja en la plaza:
Audrey Hepburn y Mel Ferrer en Toledo durante el rodaje de El Greco en septiembre de 1964
Audrey Hepburn y Mel Ferrer en Toledo en septiembre de 1964
Audrey Hepburn y Mel Ferrer en Toledo. Fotografía publicada el 17 de octubre de 1964. Blanco y Negro
Audrey Hepburn y Mel Ferrer en Toledo durante el rodaje de El Greco en septiembre de 1964

Allí estaban también las cámaras de TVE para inmortalizar aquellas escenas. Fueron emitidas en el NO-DO del 5 de octubre de 1964 (a partir del minuto 1:42):


La película fue dirigida por Luciano Salce, mientras que la banda sonora, absolutamente maravillosa, es obra del más grande entre los grandes -a mi juicio- compositores de música para películas: el genial Ennio Morricone. En Youtube está disponible prácticamente toda la banda sonora, pero os pongo esta pequeña muestra que incluye las dos mejores piezas:



La película, sin ser un fracaso, no obtuvo todo el éxito esperado. Sin embargo será para siempre una referencia en la historia del cine ligado al pintor y dejó preciosas fotografías en las que aparece Mel Ferrer con la protagonista femenina Rosanna Schiaffino en diversos escenarios como la playa de Safont -¡qué río teníamos entonces!- o el Hospital de Santa Cruz, Tavera y San Juan de los Reyes, entre otros:
Mel Ferrer y Rosanna Schiaffino a orillas del Tajo en Toledo durante la grabación de la película El Greco en 1964
Mel Ferrer y Rosanna Schiaffino a orillas del Tajo en Toledo durante la grabación de la película El Greco en 1964
ROSANNA SCHIAFFINO, MEL FERRER and FRANCO GIACOBINI.
Escena de la película El Greco, rodada en Toledo en 1964 y protagonizada por Mel Ferrer y Rosanna Schiaffino
Escena de la película El Greco, rodada en Toledo en 1964 y protagonizada por Mel Ferrer y Rosanna Schiaffino
Escena de la película El Greco, rodada en Toledo en 1964 y protagonizada por Mel Ferrer y Rosanna Schiaffino
Escena de la película El Greco, rodada en Toledo en 1964 y protagonizada por Mel Ferrer y Rosanna Schiaffino
Escena de la película El Greco, rodada en Toledo en 1964 y protagonizada por Mel Ferrer y Rosanna Schiaffino
Escena de la película El Greco, rodada en Toledo en 1964 y protagonizada por Mel Ferrer y Rosanna Schiaffino
Mel Ferrer  en Toledo durante la grabación de la película El Greco en 1964

Aquí un breve pero interesante extracto del film, que resume bien el enfoque que Mel Ferrer quería darle:


Este es otro extracto de la película que tiene la curiosidad de haber sido grabado en el coro de la catedral y en su altar mayor. En él aparece Fernando Rey actuando como el rey Felipe II:


Con el deseo de que la ciudad haya aprendido la lección que este 2014 ha supuesto y aproveche en el futuro de modo continuado el inmenso potencial de este genio de la pintura, solo me queda dedicar esta entrada a dos personas que sé que van a disfrutar mucho con estas fotos pues son dos auténticos fans de Audrey. Agradezcamos al Greco y a Mel Ferrer haber hecho posible disfrutar de la presencia en Toledo de este icono del cine y de la moda hace ya 50 años.
Premiere of "El Greco," a film starred by Mel Ferrer, Lausanne, Switzerland, October 1966
Cartel de El Greco (1966)