sábado, 3 de diciembre de 2016

Toledo en 1959 fotografiado por Martín Santos Yubero

Si hay un fotógrafo que puede considerarse un verdadero cronista gráfico de la actualidad española, especialmente la madrileña, entre los años 1925 y 1975 ese es sin duda Martín Santos Yubero.
Nació en Vallecas (Madrid) en el 11 de agosto de 1903 en una humilde vivienda cerca del depósito de máquinas de la Compañía de Ferrocarril Madrid-Zaragoza-Alicante (MZA), empresa en la que su padre trabajaba como maquinista. Fue precisamente el abandono del hogar que protagonizó su padre lo que motivó su traslado a Lavapiés con su madre, cuando Martín solo contaba con 7 años. Afortunadamente su madre había conseguido encontrar trabajo en el famoso restaurante “Casa Lastra”, de modo que madre e hijo habitaron un modesto apartamento en el mismo edificio, haciendo de Lavapiés su barrio de por vida. Con 12 años, Martín empieza a trabajar como dependiente en una guantería y más tarde en la casa Loewe, en la Gran Vía.
Con 17 años adquiere su primera cámara, una Kodak de cajón, que le costó 100 pesetas. Aunque apenas la sabía manejar, con ella comenzó a hacer fotos como aficionado. Muy interesado por el mundo del espectáculo, decidió fotografiar concursos de belleza, distribuyendo las imágenes de las concursantes entre las revistas y periódicos de la época. Ello le reportó los primeros ingresos como fotógrafo y les permitió conocer los estudios de los mejores fotógrafos madrileños del momento como Alfonso Sánchez García y su hijo Alfonso Sánchez Portela.
Autoretrato de Martín Santos Yubero
Quiso el destino que parte de la redacción del célebre periódico El Imparcial comiera habitualmente en "Casa Lastra", de modo que una tarde Martín supo por una conversación entre ellos que no iban a poder cubrir una corrida en la plaza de toros de Tetuán de las Victorias. Martín mostró interés y el jefe de la sección taurina del periódico le retó a escribir la crónica del festejo. Su trabajo gustó, de modo que entre los años 1920 y 1923 Martín Santos Yubero fue reportero taurino de la Plaza de Toros de Tetuán de las Victorias.
No fue hasta 1927, sin embargo, cuando obtuvo el carnet profesional de reportero gráfico. Accede a la redacción de La Nación en ese año, comenzando a firmar sus imágenes como “Foto Santos Yubero”.
Durante su estancia en La Nación aprendió mucho de los maestros Alfonso y Campúa, sin perder su carácter autodidacta, forjando al periodista y reportero intuitivo que siempre fue.
Con la llegada de la II República en 1931 abandona su dedicación exclusiva para La Nación y sirve a muchos periódicos como fotógrafo autónomo e independiente, colaborando en medios de distintas tendencias políticas e ideológicas como Ahora, ABC, Estampa, La Tierra, Ya o el diario Luz. Dos años más tarde, en 1933, se une al Diario de Madrid que acababa de fundarse donde empieza a fotografiar también con una cámara Contax de 35 mm.
En 1935 se hizo cargo del servicio gráfico del diario Ya, con la mala suerte de que el estallido de la Guerra Civil hiciera que se incautaran las cámaras y rotativas del diario, lo que le obligó a volver a ser autónomo utilizando de nuevo sus viejas cámaras de placas, con las que trabajó durante los tres años del conflicto armado, junto a los hermanos Benítez Casaux, con los que fundó a tales efectos una agencia gráfica que surtía de imágenes a La Voz, La Libertad, Crónica y al diario ABC durante su etapa republicana. Santos Yubero obtuvo buenas imágenes en Toledo durante el asedio del Alcázar.
Tras la Guerra Civil, regresó al diario Ya, dirigiendo la sección gráfica del mismo. Publicó libros sobre Manolete en 1944 y 1947 y obtuvo diversos premios, distinciones y condecoraciones, siendo también miembro de la Junta directiva de la Asociación de la Prensa de Madrid entre 1965 y 1973, vocal del Consejo Nacional de Prensa y secretario de actos de la Unión de Informadores Gráficos. En 1974 finalizó su actividad laboral, falleciendo 20 años más tarde en Madrid en 1994 cuando contaba con 91 años de edad.
En palabras del gran Publio López Mondejar, el secreto de Santos Yubero para estar presente en la actualidad gráfica en las épocas tan diferentes que le tocó vivir, residió en que "fue un hombre políticamente acomodado, que no se significó, lo que le permitió estar en todas partes". Su legado es extensísimo y, consciente aún en vida de ello, Santos Yubero se preocupó de su custodia, ordenación y documentación, ayudado por dos sobrinas y con la colaboración de Gabriel Carvajal. Antes de fallecer, en 1986 la Comunidad de Madrid se interesa por su adquisición, de modo que es en 1988 cuando el Fondo Fotográfico Martín Santos Yubero es adquirido por la Dirección General de Medios de Comunicación Social. En 1995 se procede a su ingreso en el Archivo Regional de la Comunidad de Madrid, incorporándose posteriormente otros negativos y fotografías procedentes de adquisiciones y donaciones.
He tenido durante el pasado verano la suerte de acceder a los fondos de Santos Yubero que muestran imágenes de Toledo, y he obtenido el correspondiente permiso para su divulgación en este blog, lo que me llena de alegría. Son varios cientos de imágenes, obtenidas en épocas muy diversas, por lo que dedicaré varias entradas a este genio de la fotografía en los próximos meses.
Hoy comenzaré con una serie que me enamoró nada más ver las fotografías. Se trata de un reportaje obtenido en la primavera de 1959, probablemente durante el Domingo de Resurrección de aquel año. Retratan de manera espectacular el ambiente del Toledo de entonces, con especial protagonismo de Zocodover.
Pasemos ya a ver estas imágenes, que como os digo son el primer capítulo de una serie de entregas dedicadas a Martín Santos Yubero que hoy comienzo. Como decía, la gran parte del reportaje discurre en un abarrotado y animado Zocodover una tarde de primavera con una celebración concurrida. La plaza aparece llena de puestos, se ven vendedores de globos, niños felices, jóvenes en alegres conversaciones, coches de época, almendras garrapiñadas, tostones, terrazas llenas de gente y un sinfín de detalles que a muchos de vosotros os harán viajar literalmente en el tiempo si vivisteis esos años:
Zocodover en 1959. Fotografía de Santos Yubero © Archivo Regional de la Comunidad de Madrid, fondo fotográfico
Zocodover en 1959. Fotografía de Santos Yubero © Archivo Regional de la Comunidad de Madrid, fondo fotográfico
Zocodover en 1959. Fotografía de Santos Yubero © Archivo Regional de la Comunidad de Madrid,fondo fotográfico
Zocodover en 1959. Fotografía de Santos Yubero © Archivo Regional de la Comunidad de Madrid, fondo fotográfico
Zocodover en 1959. Fotografía de Santos Yubero © Archivo Regional de la Comunidad de Madrid, fondo fotográfico
Zocodover en 1959. Fotografía de Santos Yubero © Archivo Regional de la Comunidad de Madrid, fondo fotográfico
Zocodover en 1959. Fotografía de Santos Yubero © Archivo Regional de la Comunidad de Madrid, fondo fotográfico
Zocodover en 1959. Fotografía de Santos Yubero © Archivo Regional de la Comunidad de Madrid, fondo fotográfico
Zocodover en 1959. Fotografía de Santos Yubero © Archivo Regional de la Comunidad de Madrid, fondo fotográfico
Zocodover en 1959. Fotografía de Santos Yubero © Archivo Regional de la Comunidad de Madrid, fondo fotográfico
Zocodover en 1959. Fotografía de Santos Yubero © Archivo Regional de la Comunidad de Madrid, fondo fotográfico
Zocodover en 1959. Fotografía de Santos Yubero © Archivo Regional de la Comunidad de Madrid, fondo fotográfico
Zocodover en 1959. Fotografía de Santos Yubero © Archivo Regional de la Comunidad de Madrid, fondo fotográfico
Zocodover en 1959. Fotografía de Santos Yubero © Archivo Regional de la Comunidad de Madrid, fondo fotográfico
Zocodover en 1959. Fotografía de Santos Yubero © Archivo Regional de la Comunidad de Madrid, fondo fotográfico

Santos Yubero también retrató la zona de la Puerta de Bisagra en aquel 1959. Una estampa claramente considerable un anticipo de la década que estaba a punto de comenzar es esta vista en la que aparecen una Vespa y un Citroën 2CV:
Puerta de Bisagra en 1959. Fotografía de Santos Yubero © Archivo Regional de la Comunidad de Madrid, fondo fotográfico

Junto al Bar Los Claveles una curiosidad: la muralla perforada para permitir el tráfico sin el arco hoy existente:
Puerta de Bisagra en 1959. Fotografía de Santos Yubero © Archivo Regional de la Comunidad de Madrid, fondo fotográfico
Puerta de Bisagra en 1959. Fotografía de Santos Yubero © Archivo Regional de la Comunidad de Madrid, fondo fotográfico

Son deliciosas estas vistas desde el Valle, en las que aparecen las mesas del precursor del actual Kiosco Base:
Bar en el Valle (actual kiosco base) en 1959. Fotografía de Santos Yubero © Archivo Regional de la Comunidad de Madrid, fondo fotográfico
Bar en el Valle (actual kiosco base) en 1959. Fotografía de Santos Yubero © Archivo Regional de la Comunidad de Madrid, fondo fotográfico
Toledo en 1959. Fotografía de Santos Yubero © Archivo Regional de la Comunidad de Madrid, fondo fotográfico
Toledo en 1959. Fotografía de Santos Yubero © Archivo Regional de la Comunidad de Madrid, fondo fotográfico

Son muy bellas también las vistas del Cristo de la Vega, en las que se vislumbran árboles en flor junto al río, tal vez almendros u otros frutales:
Basílica del Cristo de la Vega en 1959. Fotografía de Santos Yubero © Archivo Regional de la Comunidad de Madrid,  fondo fotográfico
Basílica del Cristo de la Vega en 1959. Fotografía de Santos Yubero © Archivo Regional de la Comunidad de Madrid, fondo fotográfico

Espero que esta primera tanda de imágenes de Santos Yubero tomadas en Toledo os haya gustado. Os aseguro que aún quedan grandes momentos por compartir gracias a su legado que poco a poco iré desgranando.

sábado, 19 de noviembre de 2016

Toledo en 1852 fotografiado por Felix Alexander Oppenheim

Debo empezar esta entrada reconociendo que hubo momentos en los que pensé que jamás podría publicarla. Desde que tuve conocimiento de una pista que llevaba a la posibilidad de que existieran fotografías de Felix Alexander Oppenheim en el Museo de Arte Islámico de Berlín, tomadas nada menos que en 1852, su búsqueda se convirtió para mí, al principio, en una prioridad, y finalmente, en una verdadera obsesión.
Una obsesión guiada por la ilusión. La ilusión de localizar las que probablemente son las fotografías más antiguas jamás tomadas en Toledo junto con las de Edward King Tenison y un par de Charles Clifford de las que otro día os hablaré.
En su momento, con motivo de la publicación del primer libro de Toledo Olvidado en 2012, ya había incluido una imagen de Oppenheim que retrataba el patio del Alcázar. Pero la pista de la que os hablo dejaba la puerta abierta a que fuesen algunas más las imágenes toledanas de Oppenheim conservadas en Berlín. Comencé entonces mi habitual protocolo de correos electrónicos a los responsables del museo solicitando información. Solo obtuve silencio. Dejé pasar un tiempo y volví a la carga escribiendo a una especie de organismo que agrega todos los museos berlineses, por si mi primer correo no hubiera sido leído o no hubiera sido enviado al lugar correcto. De nuevo, silencio administrativo. Volví a escribir al museo. Nada. Me empezaba a desesperar. Mi ilusión era incorporar estas fotos, caso de hallarlas, al tercer volumen de Toledo Olvidado que por entonces estaba redactando. Era ya septiembre y el tiempo se agotaba pues en octubre el libro debía estar maquetado. Decidí recurrir a esa herramienta que parece exclusivamente reservada a los países latinos como España: la queja. Me informé del procedimiento alemán para formular una queja oficial ante el servicio de museos por no dar siquiera respuesta a mis escritos. Pasó una quincena sin noticias. De pronto, un día que nunca olvidaré, casi con el libro en imprenta, un mensaje en la bandeja de entrada me alegró el día, el mes y prácticamente el año. Allí estaban. Sí, era un correo en el que no solo se disculpaban por no haber respondido sino que tenía archivos adjuntos. Los archivos adjuntos más maravillosos que había visto. La pista era cierta: Felix Alexander Oppenheim no había tomado una única foto en Toledo en 1852, sino que había obtenido bastantes más. En tiempo récord pudimos incorporar las mejores fotografías al libro con sus correspondientes textos. El tercer volumen de Toledo Olvidado quedaba entonces completo, pues sin estas fotos, siempre hubiera sentido que la obra quedaba coja. Hoy, casi un año después de presentar el libro, tengo el placer de ofreceros esas imágenes y también las no publicadas en el libro. Preparaos a disfrutar.
Por completar la entrada, creo obligado resumir la biografía de este pionero fotógrafo alemán, cuya figura está siendo redescubierta en los últimos años por el estudioso Ludger Derenthal. Se sabe que nació en Kaliningrado (hoy ciudad rusa, denominada anteriormente Königsberg) en el año 1819. Su formación fotográfica contó con un maestro de excepción: el francés Gustave Le Gray. Sabemos que Felix Alexander Oppenheim recorrió España entre los meses de julio y noviembre del año 1852. En su periplo español visitó las ciudades más atractivas desde el punto de vista fotográfico, es decir, Madrid, Toledo, Burgos, Salamanca, Granada y Sevilla. Las fotografías tomadas en Toledo en aquel lejano año son, como os decía, las más antiguas jamás tomadas en la ciudad que se tenga constancia, junto con las de Edward King-Tenison y Charles Clifford obtenidas en el mismo año. Se trata de catorce fotografías que se conservan en el Museo de Arte Islámico de Berlín y que se suman a la ya citada del Alcázar conservada en la Kunstbibliothek berlinesa y suponen un verdadero tesoro por su antigüedad y rareza. Al año siguente, en 1853, Oppenheim viajó hasta Grecia obteniendo un gran número de notables calotipos. Recibió dos premios por su trabajo fotográfico: el de la Exposición Fotográfica de Ámsterdam y la medalla de la Exposición de Bruselas, en 1855 y 1856 respectivamente. Félix Alexander Oppenheim falleció en Berlín en 1898.
Sin más dilación, vamos a repasar estas fotos comenzando por mi preferida: una maravillosa vista desde la Plaza de Don Fernando que nos deja la primera toma conocida de la Catedral con su torre del Reloj:
Catedral de Toledo desde la Plaza de Don Fernando en 1852. Fotografía de Felix Alexander Oppenheim © Museum für Islamische Kunst, Staatliche Museen zu Berlin

¿Qué decir de la vista que enamora a cualquier visitante? La torre de la Catedral observada desde la calle Ancha, o calle Comercio. Uno podría pasar horas mirando esta estampa, sobre todo reflexionando sobre su tremenda antigüedad, de 164 años:
Calle Ancha de Toledo en 1852. Fotografía de Felix Alexander Oppenheim © Museum für Islamische Kunst, Staatliche Museen zu Berlin

Oppenheim se acercó también a la Plaza del Ayuntamiento, donde obtuvo las dos primeras fotos de las fachadas de la Catedral y del propio ayuntamiento:
Catedral de Toledo en 1852. Fotografía de Felix Alexander Oppenheim © Museum für Islamische Kunst, Staatliche Museen zu Berlin
Ayuntamiento de Toledo en 1852. Fotografía de Felix Alexander Oppenheim © Museum für Islamische Kunst, Staatliche Museen zu Berlin

Verdaderas joyas son estas imágenes del Claustro de San Juan de los Reyes, que muestran el deterioro del edificio desde la invasión napoleónica, tomadas bastante antes del comienzo de sus obras de restauración:
Claustro de San Juan de los Reyes en Toledo en 1852. Fotografía de Felix Alexander Oppenheim © Museum für Islamische Kunst, Staatliche Museen zu Berlin
Claustro de San Juan de los Reyes en Toledo en 1852. Fotografía de Felix Alexander Oppenheim © Museum für Islamische Kunst, Staatliche Museen zu Berlin

En el exterior del edificio, Oppenheim logró inmortalizar la Puerta del Pelícano en su emplazamiento original en perpendicular a la calle (hoy está a ras de la misma). El letrero de "Museo Provincial" hace referencia al uso que esta parte del monasterio tuvo desde 1846. Al fondo, a la izquierda, aparece el comienzo de la calle del Ángel:
Puerta del Pelícano Toledo en 1852. Fotografía de Felix Alexander Oppenheim © Museum für Islamische Kunst, Staatliche Museen zu Berlin

Es una gozada para la vista poder ver el primer registro fotográfico conocido del barrio del Arrabal y la Antequeruela, obtenido desde las inmediaciones de la Puerta del Vado. Se ven claramente la Puerta de Bisagra y Santiago del Arrabal:
Arrabal de la Antequeruela en Toledo en 1852. Fotografía de Felix Alexander Oppenheim © Museum für Islamische Kunst, Staatliche Museen zu Berlin

Aquí se ve el Torno del Tajo desde el Puente de Alcántara:
Torno del Tajo en Toledo en 1852. Fotografía de Felix Alexander Oppenheim © Museum für Islamische Kunst, Staatliche Museen zu Berlin

Una imagen impresionante: el Puente de Alcántara en aquel lejano 1852 y arriba a la derecha la aguja del Convento del Carmen Calzado, muy pocos años antes de ser desmantelado del todo por su propietario José Safont. Precisamente el apellido de ese especulador, Safont, es el que hoy da nombre al paraje que se ve en primer término. Se trata de la imagen más antigua del Tajo con sus casetas de pescadores y baños en sus orillas:
Puente de Alcántara en Toledo en 1852. Fotografía de Felix Alexander Oppenheim © Museum für Islamische Kunst, Staatliche Museen zu Berlin

Oppenheim retrató por partida doble el Puente de San Martín. En la primera imagen incluso se ve la Capilla de la Beata Mariana de Jesús con su cubierta puntiaguda, adosada a San Juan de los Reyes, y que fue demolida en 1864:
Puente de San Martín en Toledo en 1852. Fotografía de Felix Alexander Oppenheim © Museum für Islamische Kunst, Staatliche Museen zu Berlin
Puente de San Martín en Toledo en 1852. Fotografía de Felix Alexander Oppenheim © Museum für Islamische Kunst, Staatliche Museen zu Berlin

El Puente de Alcántara también figura por fortuna en la serie de Oppenheim en 1852:
Puente de Alcántara en Toledo en 1852. Fotografía de Felix Alexander Oppenheim © Museum für Islamische Kunst, Staatliche Museen zu Berlin

Como no podía ser menos, la imponente Puerta del Sol también cautivó al pionero alemán:
Puerta del Sol en Toledo en 1852. Fotografía de Felix Alexander Oppenheim © Museum für Islamische Kunst, Staatliche Museen zu Berlin

Para finalizar, os dejo las dos versiones de la imagen del Alcázar con la que comenzó mi obsesión por Oppenheim, nacida un buen día allá por 2009 al encontrar una reseña en un libro que le mencionaba como un posible fotógrafo de nuestra ciudad. Esta fue la primera imagen en ser localizada y os la muestro en la versión de la biblioteca de Berlín así como en la conservada en el Museo de Arte Islámico:
Patio del Alcázar de Toledo en 1852. Fotografía de Felix Alexander Oppenheim. © Art Library, National Museums in Berlin.
Alcázar de Toledo en 1852. Fotografía de Felix Alexander Oppenheim © Museum für Islamische Kunst, Staatliche Museen zu Berlin

Con el deseo de que estas verdaderas joyas de nuestra historia fotográfica os hayan gustado, finalizo con una doble reflexión en voz alta: la primera de ellas es la de haber constatado que no solo en España, sino que también en Alemania, en ocasiones la administración es lenta y a veces apática; la segunda es evidente: el que la sigue, la consigue. Os animo a ser perseverantes y tenaces a la hora de luchar por conseguir aquello que más os ilusione. Lo bueno, siempre se hace esperar.

viernes, 4 de noviembre de 2016

La prueba de que la historia de la monja "momificada" es absolutamente verosímil

En los días pasados, coincidiendo con la celebración de la noche de difuntos y el día de Todos los Santos, recordé en las redes sociales de Toledo Olvidado la historia que hace un tiempo os conté de la presencia de lo que parece ser una monja muerta en una ventana en una imagen tomada hacia 1885 desde la torre de la Catedral.
Iglesia de San Ildefonso vista desde la Catedral de Toledo hacia 1885. © Léon et Lévy / Cordon Press - Roger-Viollet
Detalle de una foto de la casa Léon&Lévy hacia 1885 (c) Cordon Press
Detalle de una foto de la casa Léon&Lévy hacia 1885 (c) Cordon Press

Un par de personas, a buen seguro con su mejor intención, pusieron en duda la autenticidad de la ampliación de la imagen, insinuando que podría haberla trucado para buscar notoriedad o inventar una historia más o menos curiosa.
Ello me llevó a hacer lo que hasta la fecha no había tenido tiempo de realizar: indagar sobre el convento que ocupaba el edificio en el que la monja de la foto aparece, que no es otro que el Convento de Jesús y María, edificio hoy ocupado por el Archivo Histórico Provincial. La verdad es que en el momento que pude demostrar que ese edificio era un convento en esa época, para mi no cabía ya ninguna duda de que lo que aparece en la imagen es una monja, pero sin embargo decidí investigar más a fondo en busca de pruebas más concluyentes.
Rastreé la prensa de la época entre los años 1880 y 1890, más que nada en busca de alguna referencia a alguna hambruna en la ciudad que hubiera desabastecido los conventos o a algún caso aislado de fallecimiento de alguna monja sin que sus compañeras lo notaran en unos días.
Lo que finalmente encontré, sinceramente, superó todas mis expectativas...especialmente las más macabras.
Así, mi primera pista fue localizar un recorte de prensa del día 23 de diciembre de 1889 en El Liberal en el que se mencionaba la fuga de una monja en Toledo, precisamente de este convento que me interesaba, el de Jesús y María:
El Liberal (Madrid. 1879). 23-12-1889, página 3.

Atraído por esa pista, busqué a fondo alrededor de esas fechas. Pronto dí con una noticia en La Correspondencia de España y en El Día del día 26 (tres días después) que ofrecía más detalles. Y lo cierto es que sentí un escalofrío al leerla:
La Correspondencia de España. 26-12-1889, n.º 11.590, página 2.
El Día. 26-12-1889, página 2

Algo me decía que estaba tras la pista de algo realmente serío. Sentía de algún modo como si mi investigación estuviera guiada, casi 130 años después. Al dar con una noticia publicada en Las Dominicales del Libre Pensamiento del día 28, dos días después, finalmente comprendí que en aquel convento, en aquellos años, realmente ocurrieron cosas muy duras:
Las Dominicales del libre pensamiento. 28-12-1889, página 4

Tenía ante mis ojos la prueba de que exactamente en el mismo convento, exactamente en los mismos años en que fue tomada aquella fotografía que parecía mostrar una monja momificada mirando a la torre de la Catedral, sucedieron hechos que demuestran que no es descabellado que alguna de las monjas falleciera por inanición. Seis meses a pan y agua no es ninguna broma. Por otro lado, el hecho de que aquella pobre monja decidiera jugarse el tipo y escaparse trepando por los tejados, da fe de que el ambiente en el cenobio tenía que ser a la fuerza claramente opresivo e irrespirable para aquellas mujeres. ¿Qué historias no sabremos? ¿Qué otros hechos sucedidos entre esos muros pasaron inadvertidos a los medios de la época?
Probablemente nunca sabremos si lo que se ve en la imagen es una monja momificada o una monja demacrada y aún viva (tal como describe la crónica a aquella monja prófuga), pero lo que sí sabemos ya con certeza es que entre esos muros había monjas en condiciones que hoy serían calificadas de infrahumanas por decisión de su superiora, por lo que creo que queda suficientemente probado (si no lo estaba ya), que esta historia alucinante surgida de la observación en detalle de un escaneo de una foto no es ninguna locura o invención mía sino más bien lo que yo interpreto como un mensaje, o una llamada a nuestra conciencia desde algún punto del espacio-tiempo que no alcanzamos a comprender aún.

Para finalizar, y como guinda increíble, os dejo la reseña aparecida poco tiempo después, el 30 de enero de 1890 en la que, tal vez oculto bajo un discreto velo de "historia dudosa" o inventada, podría estar escrita la verdadera historia de la monja que escapó por los tejados. Desde luego, es evidente que el texto habla de Toledo, y en una sociedad muy diferente de la actual, tal vez esta era la única manera que tenía el periodista o informador de contar lo que verdaderamente sucedió:
El Motín (Madrid). 30/1/1890, n.º 4, página 2.
El Motín (Madrid). 30/1/1890, n.º 4, página 2.

Actualización (10 de noviembre de 2016): he localizado un dato que podría ser clave para identificar a la monja huida por los tejados. En el archivo del Convento de Santo Domingo el Real se conserva en su libro de profesiones el ingreso de Sor Filomena de San Plácido el día 16 de junio de 1890, muy poco después de los sucesos ya narrados. En el texto se indica que esta monja "se salió de su propio convento llamado de Jesús y María no se saben los motivos ocasionados". El dato es muy revelador porque indica que su entrada estuvo avalada por el prelado y fue sometida a votación. Las probabilidades de que Sor Filomena, que contaba con 40 años de edad y 18 de profesión, sea la monja que huyó por los tejados son altas pues no serían muchas las monjas que escapasen del mismo convento en tan poco espacio de tiempo. El hecho de que se cite expresamente que "no se saben los motivos" de su salida de Jesús y María (algo que a buen seguro no era cierto, y que simplemente se omite por ser algún asunto oscuro) y se mencione su recomendación por el prelado, en una versión muy parecida a la expresada en el texto publicado en enero de 1890 en el periódico "El Motín" hacen pensar no solo que ésta es la monja huida, sino que lo expuesto como "dudoso" en El Motín podría ser la historia real de Sor Filomena. Un único dato deja abierta la duda: el acceso de Filomena a su nuevo convento se registra en junio de 1890 y el texto en el que se indica que se había recolocado en otro convento es de enero de ese año. Pienso que no es descabellado suponer que la reubicación citada en enero fuese provisional (solo unas semanas después de su huida) y que se necesitasen 6 meses para tramitar su ingreso oficial en Santo Domingo con todos los informes y consultas correspondientes:
Nota sobre el ingreso de Sor Filomena de San Plácido el 16 de junio de 1890. Archivo del Convento de Santo Domingo el Real. Libro de Profesiones.

En cualquier caso, si Sor Filomena no fuese finalmente la monja que escapó por los tejados, estaríamos ante dos casos de monjas que decidieron abandonar el Convento de Jesús y María en muy corto espacio de tiempo, lo que demostraría aún más que el ambiente en ese convento era irrespirable y daría aún más verosimilitud a que la monja de la ventana fuese una momia o una demacradísima religiosa.

Sea como sea, la buena de Sor Filomena acabó sus días en Santo Domingo al parecer sin problemas, falleciendo en 1901 como se indica en el libro de defunciones:
Nota sobre el fallecimiento de Sor Filomena de San Plácido el 17 de marzo de 1901. Archivo del Convento de Santo Domingo el Real. Libro de Defunciones.
© TOLEDO OLVIDADO
Maira Gall