sábado, 30 de junio de 2012

Toledo en junio de 1927 fotografiado por Albert Oliveras

Albert Oliveras i Folch nació en Montevideo (Uruguay) el 1 de diciembre de 1899. Casado con Josefa Deó Bordoy, era ingeniero industrial y su labor cotidiana se desarrollaba como técnico textil en Cataluña dedicado principalmente al comercio. Al estallar la Guerra Civil huyó a América del Sur volviendo a España durante el franquismo. Se instaló en el barrio barcelonés de Gràcia, en la calle Mayor de Gracia número 30.
Pero su faceta más destacada y por la que pasó a la historia fue la de gran excursionista de alta montaña y escalador. Socio del Centre Excursionista de Catalunya (CEC) desde el 30 de octubre de 1923 y miembro del Centro Académico de Escalada (CADE) desde 1942, ocupó diversos cargos tanto en el CEC presidiendo la Sección de Deportes de Montaña en 1939. También fue presidente la Comisión de Refugios y de la de Publicaciones (1946) e incluso representó al CEC en el Congreso de la Unión Internacional de Asociaciones de Alpinismo (UIAA) en Chamonix (1932). Participó en diversas actividades de la Sección de Fotografía.
Durante los años 1920 y 1930 realizó numerosas ascensiones y travesías con esquíes por los Pirineos y también por los Alpes, junto con Lluís Estasen, Josep Rovira, Jofre Vila y Joan Cardona entre otros. En 1944 recibió la medalla de la Federación Española de Montañismo (FEM). En 1947 formó parte del grupo de rescate de montaña constituido como Hermandad de San Bernardo. Colaboró en la actualización de guías excursionistas, impartió numerosas conferencias y fue autor de varios mapas de los Pirineos editados por el CEC entre los años 1945 y 1951.
Murió el 24 de julio de 1989, a los 90 años.
Retrato de Albert Oliveras i Folch en los años 20. © Arxiu Fotogràfic de Catalunya. Centre Excursionista de Catalunya
Su legado fotográfico es amplio. El fondo ingresó en el Archivo Fotográfico del CEC por donación el 7 de noviembre de 1986, cuando los albaceas de Oliveras, Manuel Suñer Vilar y Montserrat Hombravella Banquells, hicieron efectivo el ingreso en dicho archivo. El fondo reúne documentación generada por Albert Oliveras durante toda su vida. Son fotografías -la mayoría estereoscópicas- de ascensiones y grandes travesías por los Pirineos y cumbres de los Alpes que realizó con un amplio grupo de amigos. En gran parte las imágenes sirven como referencia para conocer la evolución de la escalada y el esquí en los inicios del siglo XX. Pero fue también un gran viajero y en el fondo se incluyen fotografías de muchas ciudades visitadas por él.
Por suerte, y como no podía ser de otro modo, Albert Oliveras visitó Toledo en junio de 1927 probablemente con motivo de las fiestas del Corpus Christi.
Gracias a la inmensa tarea de conservación, catalogación y digitalización que está llevando el CEC podemos hoy admirar esta veintena de fotografías que nos muestran el Toledo de 1927. Aprovecho para agradecer Berenguer Vidal como responsable del archivo del CEC su amabilidad y la cesión gratuita de estas imágenes que paso a ofreceros.
La más bella de todas es la única que no es estereoscópica. Nos muestra una preciosa estampa del típico Zocodover de los años 20 con sus coches de época y adornado para el Corpus con bombillas hasta en el Arco de la Sangre:
Plaza de Zocodover en junio de 1927. Fotografía de Albert Oliveras i Folch. © Arxiu Fotogràfic de Catalunya. Centre Excursionista de Catalunya

Cerca de allí tomó fotografías del Hospital de Santa Cruz, por entonces muy descuidado y deteriorado e inmerso en interminables obras de adecuación para su uso como museo:
Hospital de Santa Cruz en junio de 1927. Fotografía de Albert Oliveras i Folch. © Arxiu Fotogràfic de Catalunya. Centre Excursionista de Catalunya
Hospital de Santa Cruz en junio de 1927. Fotografía de Albert Oliveras i Folch. © Arxiu Fotogràfic de Catalunya. Centre Excursionista de Catalunya
Hospital de Santa Cruz en junio de 1927. Fotografía de Albert Oliveras i Folch. © Arxiu Fotogràfic de Catalunya. Centre Excursionista de Catalunya
Hospital de Santa Cruz en junio de 1927. Fotografía de Albert Oliveras i Folch. © Arxiu Fotogràfic de Catalunya. Centre Excursionista de Catalunya
Hospital de Santa Cruz en junio de 1927. Fotografía de Albert Oliveras i Folch. © Arxiu Fotogràfic de Catalunya. Centre Excursionista de Catalunya
Hospital de Santa Cruz en junio de 1927. Fotografía de Albert Oliveras i Folch. © Arxiu Fotogràfic de Catalunya. Centre Excursionista de Catalunya

Oliveras retrató los principales monumentos de la ciudad. Aquí podemos ver la Puerta del Cambrón:
Puerta del Cambrón en junio de 1927. Fotografía de Albert Oliveras i Folch. © Arxiu Fotogràfic de Catalunya. Centre Excursionista de Catalunya
Puerta del Cambrón en junio de 1927. Fotografía de Albert Oliveras i Folch. © Arxiu Fotogràfic de Catalunya. Centre Excursionista de Catalunya

Esta es una bonita vista del Hospital Tavera y el barrio de las Covachuelas:
Hospital Tavera y Barrio de las Covachuelas  en junio de 1927. Fotografía de Albert Oliveras i Folch. © Arxiu Fotogràfic de Catalunya. Centre Excursionista de Catalunya
Hospital Tavera y Barrio de las Covachuelas  en junio de 1927. Fotografía de Albert Oliveras i Folch. © Arxiu Fotogràfic de Catalunya. Centre Excursionista de Catalunya

Esta es la Puerta del Sol:
Puerta del Sol en junio de 1927. Fotografía de Albert Oliveras i Folch. © Arxiu Fotogràfic de Catalunya. Centre Excursionista de Catalunya
Puerta del Sol en junio de 1927. Fotografía de Albert Oliveras i Folch. © Arxiu Fotogràfic de Catalunya. Centre Excursionista de Catalunya
Puerta del Sol en junio de 1927. Fotografía de Albert Oliveras i Folch. © Arxiu Fotogràfic de Catalunya. Centre Excursionista de Catalunya
Puerta del Sol en junio de 1927. Fotografía de Albert Oliveras i Folch. © Arxiu Fotogràfic de Catalunya. Centre Excursionista de Catalunya
Puerta del Sol vista desde la Puerta de Alarcones en junio de 1927. Fotografía de Albert Oliveras i Folch. © Arxiu Fotogràfic de Catalunya. Centre Excursionista de Catalunya
Puerta del Sol vista desde la Puerta de Alarcones en junio de 1927. Fotografía de Albert Oliveras i Folch. © Arxiu Fotogràfic de Catalunya. Centre Excursionista de Catalunya

Aquí tenemos el Ayuntamiento:
Ayuntamiento de Toledo en junio de 1927. Fotografía de Albert Oliveras i Folch. © Arxiu Fotogràfic de Catalunya. Centre Excursionista de Catalunya
Ayuntamiento de Toledo en junio de 1927. Fotografía de Albert Oliveras i Folch. © Arxiu Fotogràfic de Catalunya. Centre Excursionista de Catalunya

Cerca de allí, la Calle de la Ciudad:
Calle de la Ciudad en junio de 1927. Fotografía de Albert Oliveras i Folch. © Arxiu Fotogràfic de Catalunya. Centre Excursionista de Catalunya
Calle de la Ciudad en junio de 1927. Fotografía de Albert Oliveras i Folch. © Arxiu Fotogràfic de Catalunya. Centre Excursionista de Catalunya

Un poco más arriba, la preciosa portada del Palacio de los Toledo frente al Pasadizo de Balaguer:
Palacio de los Toledo frente al Pasadizo de Balaguer en junio de 1927. Fotografía de Albert Oliveras i Folch. © Arxiu Fotogràfic de Catalunya. Centre Excursionista de Catalunya
Palacio de los Toledo frente al Pasadizo de Balaguer en junio de 1927. Fotografía de Albert Oliveras i Folch. © Arxiu Fotogràfic de Catalunya. Centre Excursionista de Catalunya

Este es el Palacio de Fuensalida:
Palacio de Fuensalida en junio de 1927. Fotografía de Albert Oliveras i Folch. © Arxiu Fotogràfic de Catalunya. Centre Excursionista de Catalunya
Palacio de Fuensalida en junio de 1927. Fotografía de Albert Oliveras i Folch. © Arxiu Fotogràfic de Catalunya. Centre Excursionista de Catalunya

Oliveras inmortalizó el entoladado de la calle Cardenal Cisneros con motivo del Corpus de 1927:
Toldos para el Corpus junto a la Puerta de los Leones de la Catedral de Toledo en junio de 1927. Fotografía de Albert Oliveras i Folch. © Arxiu Fotogràfic de Catalunya. Centre Excursionista de Catalunya
Toldos para el Corpus junto a la Puerta de los Leones de la Catedral de Toledo en junio de 1927. Fotografía de Albert Oliveras i Folch. © Arxiu Fotogràfic de Catalunya. Centre Excursionista de Catalunya

Este es el Monasterio de San Juan de los Reyes:
Monasterio de San Juan de los Reyes en junio de 1927. Fotografía de Albert Oliveras i Folch. © Arxiu Fotogràfic de Catalunya. Centre Excursionista de Catalunya
Monasterio de San Juan de los Reyes en junio de 1927. Fotografía de Albert Oliveras i Folch. © Arxiu Fotogràfic de Catalunya. Centre Excursionista de Catalunya

Aquí podemos ver el Castillo de San Servando y el Puente de Alcántara:
Castillo de San Servando y Puente de Alcántara en junio de 1927. Fotografía de Albert Oliveras i Folch. © Arxiu Fotogràfic de Catalunya. Centre Excursionista de Catalunya
Castillo de San Servando y Puente de Alcántara en junio de 1927. Fotografía de Albert Oliveras i Folch. © Arxiu Fotogràfic de Catalunya. Centre Excursionista de Catalunya
Puente de Alcántara en junio de 1927. Fotografía de Albert Oliveras i Folch. © Arxiu Fotogràfic de Catalunya. Centre Excursionista de Catalunya
Puente de Alcántara en junio de 1927. Fotografía de Albert Oliveras i Folch. © Arxiu Fotogràfic de Catalunya. Centre Excursionista de Catalunya

Este es el Callejón de Bodegones:
Callejón de Bodegones en junio de 1927. Fotografía de Albert Oliveras i Folch. © Arxiu Fotogràfic de Catalunya. Centre Excursionista de Catalunya
Callejón de Bodegones en junio de 1927. Fotografía de Albert Oliveras i Folch. © Arxiu Fotogràfic de Catalunya. Centre Excursionista de Catalunya

Para finalizar, tan solo decir que el proceso de digitalización de los fondos del CEC aún no ha finalizado y es muy probable que en él vayan apareciendo nuevos tesoros en forma de fotografías de Toledo. Crucemos los dedos.

viernes, 15 de junio de 2012

Laurie Lee y Roy Campbell: Toledo los unió, la guerra los separó

Decir que Toledo ha sido un imán de magnetismo infinito para artistas y genios a lo largo de la historia no es decir nada nuevo. Decir que nunca se terminará de descubrir todas las maravillosas historias aquí sucedidas tampoco es algo novedoso.
Sin embargo, cada vez que me topo con una nueva curiosidad ocurrida aquí no puedo dejar de sentir cómo se me pone la piel de gallina, y vuelvo a ser consciente del privilegio que es vivir en esta ciudad, testigo de estas increíbles vivencias.
Fue Víctor Sánchez Infantes quien me puso sobre la pista de una relación fascinante: la amistad surgida en Toledo entre dos de los mejores escritores en habla inglesa del siglo XX. Se trata de Laurie Lee y Roy Campbell.

Laurie Lee (Stroud, Gloucestershire, Inglaterra - 1914) fue un célebre escritor, poeta y guionista inglés, mundialmente conocido por su trilogía compuesta por "Cider with Rosie" (1959), "As I Walked Out One Midsummer Morning" (1969) y "A Moment of War" (1991), que superó los 6 millones de libros vendidos. Con 21 años, en el verano de 1935 decidió viajar a España tan sólo porque "una chica de Buenos Aires en Slad -Sophia Rogers era su nombre- me había dicho unas pocas palabras en español". Viajando por nuestro país se mantenía con lo que le pagaban tocando el violín en los bares y restaurantes. Viajó por España casi siempre a pie, comenzando en Vigo el mes de julio de aquel año. Ya en agosto se encontraba en Toledo, empleado como violinista amenizando las veladas de las terrazas de la Plaza de Zocodover -entre ellas la del Café Español- y fue allí donde conoció a Roy Campbell, que por entonces vivía en Toledo. Al darse cuenta de que era inglés, Campbell le invitó a su mesa. Así narra el encuentro el propio Lee:

"Me ofreció una mano fuerte pero temblorosa. 'Roy Campbell' -me dijo-, 'poeta sudafricano, eh...razonablemente famoso en su país".

Se sentó a la mesa y terminó quedándose una semana a vivir con ellos. Vivían en una casa que, según Lee, Campbell describió como situada "en una calle apretada cerca de los muros de la Catedral". Se trataba de la Calle Cardenal Cisneros.
Plaza de Zocodover el viernes santo de 1930. Fotografía de Henry Buckley. Arxiu Municipal de Sitges
Roy Campbell (Durban, Sudáfrica – 1901) fue un poeta, escritor satírico, traductor e hispanista sudafricano. Para bastantes críticos literarios se trata de uno de los mejores autores del periodo de entreguerras. Sus comienzos como domador de caballos o pescador, pasando por su dominio del idioma zulú, dieron paso al inicio de su carrera literaria publicando su primer libro de poemas con sólo 22 años. En los felices años 20 británicos -se había mudado a Oxford y luego a Londres- accedió al celebérrimo Círculo de Bloomsbury de Virginia Woolf. Sin embargo, pronto estuvo en desacuerdo con el enfoque general de este grupo. Allí conoció a su esposa Mary Garman, con quien vivió una vida intensa y extravagante -con un affaire lésbico de Mary con la amante de Virginia Woolf incluido-. Desde joven su principal defecto era su tendencia a beber demasiado, lo que le ocasionó no pocos problemas en su vida.
Roy Campbell y su mujer Mary Garman cuando residían en Toledo en 1935-36
El encuentro entre Laurie Lee, Roy Campbell y su mujer Mary Garman en Toledo aquella noche de agosto del 35 coincidió con el día del santo de Campbell, que lo celebró junto a Lee bebiendo generosamente y en un ambiente de complicidad desde el primer momento. Según Lee, Campbell pasaba las horas del día durmiendo para comenzar su actividad al caer la noche. Debió ser una semana muy enriquecedora intelectualmente para ambos. Lee siempre habló con admiración del que denominaba el poeta.
Laurie Lee, Mary Garman y Roy Campbell en Toledo, en agosto de 1935. Cortesía de Tess Campbell y Joseph Pierce
El último día lo pasaron -para variar- bebiendo y en su despedida Campbell acompañó a Lee cruzando juntos el Puente de Alcántara camino seguramente de la estación de tren. Lee prosiguió su periplo español hacia Andalucía y los Campbell se quedaron en Toledo hasta que estalló la Guerra Civil.
Campbell había sufrido en España una profunda conversión religiosa abrazando el catolicismo. "España salvó mi alma", dijo en más de una ocasión. Se bautizó en su estancia en Altea a comienzos de 1935 y una vez en Toledo entabló gran amistad con los frailes del Convento de los Carmelitas. Vivía en la ciudad con su esposa y con sus hijas Anna y Tess.
Anna y Tess Campbell en Toledo en 1936, preparadas para ir  a la plaza de toros. Cortesía de Tess Campbell y Joseph Pierce
Mary Garman en Toledo en 1935. Cortesía de Tess Campbell y Joseph Pierce
Ya en marzo de 1936, los Campbell acogieron a varios religiosos que eran perseguidos por ciertos círculos radicales anticlericales. En una ceremonia secreta y privada recibió la confirmación por el mismísimo Cardenal Isidro Gomá. La situación en la ciudad se complicaba por momentos y los carmelitas temiendo lo peor le encomendaron el día 21 de julio -tres días después de comenzar la guerra- la custodia de los manuscritos originales de San Juan de la Cruz, que guardaron de madrugada en casa del sudafricano en una caja de madera. Esta casa en la que vivían desde aproximadamente el otoño de 1935 se situaba en la calle Airosas nº 13 -probablemente el actual Hostal del Cardenal-, cerca por tanto del convento. Al día siguiente, los milicianos entraron en el convento carmelita, capturaron a los 16 frailes que allí estaban y les fusilaron en un callejón cercano. Campbell fue quien descubrió sus cuerpos tendidos en el suelo, junto con los de otros religiosos asesinados. La biblioteca del convento fue quemada poco después, pero por suerte los manuscritos ya estaban en casa de Campbell.
Convento de los Carmelitas incendiado al inicio de la Guerra Civil. Colección Luis Alba
La casa de los Campbell fue registrada por milicianos, pero por fortuna no hicieron una búsqueda minuciosa y llegaron a posar sus rifles sobre la caja de madera que contenía el tesoro carmelita sin abrirla. Tras varias peripecias, Campbell y su familia pudieron abandonar la ciudad en dirección a Madrid y luego al consulado británico de Valencia, desde donde partieron hacia el Reino Unido.
Durante la guerra el poeta se unió al bando nacional dando apoyo explícito a Franco. Son varios los autores que piensan que este hecho, así como sus problemas con los círculos intelectuales más poderosos y su carácter iconoclasta literariamente hablando, provocó una merma en el reconocimiento a su obra por parte de los escritores europeos que en su mayoría entonces eran cercanos a la izquierda.
Tras la guerra volvió a Toledo en 1941 supuestamente como periodista, aunque en realidad lo hizo como agente secreto británico, si bien no duró ni un día pues la noche que supo que iba a ser espía en España bebió tanto que se lo dijo a todos los presentes. Así lo recoge Jimmy Burns Marañón en su libro "Papá espía".
Al menos le dio tiempo a comprobar que las cajas de madera con los manuscritos de San Juan de la Cruz estaban intactas en su sitio. Los tradujo al inglés, logrando la que hoy en día es considerada la mejor traducción de las obras del místico a esta lengua. En una entrevista años después dijo que mientras los milicianos registraban la casa rezó a San Juan de la Cruz y prometió traducirle al inglés si salían de aquel trance. Entabló amistad con J. R. R. Tolkien inspirándole nada menos que el personaje de Aragorn para su célebre Señor de los Anillos.
Recientemente se ha publicado un repaso muy completo a su figura por parte de Joseph Pierce, "España salvó mi alma". Del mismo modo Judith Lütge Coullie ha escrito el libro "Remembering Roy Campbell: The Memoirs of His Daughters Anna and Tess".

Por su parte, Laurie Lee vivió la guerra civil de modo totalmente diferente. El comienzo le sorprendió en Andalucía y pudo volver a Inglaterra tomando un barco británico en Gibraltar.
Laurie Lee en España en 1935
En Inglaterra comenzó una relación con la hermana pequeña de Mary, Lorna Garman, con quien tuvo una hija -Yasmin- que no fue reconocida por Laurie y sí por el marido de ella. En diciembre de 1937 Lee volvió a España para combatir enrolado en las Brigadas Internacionales. Regresó en febrero de 1938. Posteriormente escribiría sobre esta etapa comentando en la tercera parte de su trilogía ("A Moment of War") la decepción que para él supuso esta experiencia en muchos aspectos. Llegó a ser detenido hasta tres veces por el propio bando republicano al pensar que era un infiltrado.

En la II Guerra Mundial, Campbell participó contra el ejército nazi al servicio de Inglaterra. Más tarde se estableció en Portugal. En 1957, al regresar de la Semana Santa que había disfrutado en Toledo y en Sevilla, reventó la rueda delantera del Fiat 600 que conducía su mujer Mary Garman, la cual no pudo controlar el coche que se estrelló contra un árbol falleciendo Roy Campbell en el acto.
Noticia de la muerte de Roy Campbell. ABC del 25-4-1957
Laurie Lee trabajó tras el periodo bélico como guionista, escritor y también para el Ministerio de Información británico.
El destino volvió a acercar a Laurie Lee con la familia Campbell, pues en 1950 se casó con Catherine Francesca Polge, sobrina de Mary Garman y de su ex amante Lorna. En 1952 fue condecorado con la Orden del Imperio Británico. Tuvo una brillante trayectoria literaria reconocida ampliamente, siendo una referencia en el mundo cultural británico.
Al final de su vida se retiró con su mujer a Slad -el lugar en el que pasó su infancia-, donde falleció en 1997. Está enterrado junto a la pequeña iglesia de este precioso lugar y hoy en día su tumba es un verdadero lugar de peregrinación y de culto para los amantes de la literatura.
Lápida de la tumba de Laurie Lee en Slad (Inglaterra)
Slad - Holy Trinity. Laurie Lee is buried here.

Para finalizar, y como homenaje a estos dos genios unidos por Toledo y separados ideológicamente por una maldita guerra os dejo con las palabras que uno y otro dedicaron a la ciudad:

"Luego subimos más por la ciudad hasta la casa del Greco, aún conservada con su jardín en declive; una pequeña villa íntima, bella y enmarañada (...) Dentro estaban los cuadros: colores que yo nunca había visto, morados supurantes, verdes lima, amarillos amargos; los cráneos alargados de los santos y sus párpados hundidos, los ojos revestidos de abnegaciones extasiadas, miembros y rostros estirados hacia arriba como capiteles en ascenso, ropas parpadeantes igual que llamas afliladas. Comparadas con las pinturas de carnes robustas que había visto en Madrid, aquellas parecían reducidas al hueso enfebrecido". (Laurie Lee, "Díptico Español")

Por su parte Campbell siempre tuvo a Toledo como la ciudad de su corazón. Como muestra dejo dos de sus frases sin traducir dedicadas a la ciudad:

- "Toledo: sacred city of the mind"
- "This heavenly place which means more than all the world to me"

sábado, 2 de junio de 2012

Posiblemente la fotografía más antigua de Toledo

Esa caja de sorpresas llamada Fotografía Histórica de Toledo sigue ofreciéndonos periódicamente enormes satisfacciones. En esta ocasión sólo os traigo una fotografía, pero se trata de un verdadero tesoro. Había oído hablar de un tal F. A. Oppenheim en los escritos más especializados sobre fotografía histórica en España, citado como un viajero que retrató presuntamente Burgos, Salamanca, Sevilla y Granada. "Una pena que no visitara Toledo", me decía a mí mismo al leer estos artículos y ver algunas contadísimas fotografías suyas.
Hasta que un día, por casualidad, al supervisar el archivo histórico de subastas de una conocida casa especializada en fotografía observé que un postor había comprado en los años 90 una fotografía de este autor -citado erróneamente como August F. Oppenheim- tomada en Toledo...o al menos eso parecía.
De aquello hace varios meses. Hasta que un día, intrigado por el dato de la subasta y rastreando en busca de este autor, dí con el mayor experto que existe sobre este fotógrafo pionero en el mundo: el amabilísimo Ludger Derenthal, doctor responsable de la Colección de Fotografía "Art Library" de los Museos Estatales de Berlín - Patrimonio Cultural Prusiano. Me dirigí a él sin demasiadas esperanzas de que la búsqueda fuese fructífera y, como hago a menudo con muchos responsables de colecciones a lo largo del mundo, me limité a preguntarle si tenía constancia de imágenes de este autor tomadas en Toledo pues había visto que en su base de datos figuraba su nombre.
Lo que no esperaba era que en efecto sí existiera allí una imagen toledana de Oppenheim, y que además estuviera fechada en 1852, es decir, el mismo año de las fotografías del coronel irlandés Edward King Tenison con lo que posiblemente -a la espera de concretar la fecha exacta de la visita de ambos fotógrafos- se trata de la fotografía más antigua tomada en Toledo jamás y de la que tengamos constancia. Pero hay más: Ludger Derenthal conoce a la perfección a Oppenheim pues ha dedicado parte de sus investigaciones a rastrear el pasado de este hasta ahora huidizo autor. Al parecer, y según me comenta Ludger, su verdadero nombre era Felix Alexander Oppenheim, nacido en Königsberg el día 7 de octubre de 1819 -contaba pues con 33 años cuando visitó Toledo- y fallecido en Berlín el 2 de febrero de 1898. Fue según parece discípulo nada menos que de Gustave Le Gray y estableció un estudio en Dresde. Escribió algún artículo en la revista 'La Lumière' donde indica que su visita a España se produjo entre julio y diciembre de 1852. Nuestro amigo Derenthal está preparando una monografía sobre F. A. Oppenheim, que esperaré con impaciencia, pues es probable que se descubran otras tomas de este autor en Toledo. Sería raro que hubiese venido sólo para hacer una fotografía. Por el momento, la que puedo ofreceros muestra el patio del Alcázar en ruinas, tal como quedó tras el incendio acaecido el 31 de enero de 1810 durante la dominación francesa. Existe la creencia popular de que fueron los franceses quienes incendiaron el edificio adrede pero ello no ha sido nunca demostrado y parece totalmente falso. De hecho fueron ellos los que, habiendo dejado momentáneamente la ciudad, al enterarse del incendio retrocedieron y ayudaron a salvar en lo posible el edificio desalojando los cargamentos de pólvora en él guardados y que si hubiesen explotado se hubieran llevado media ciudad por delante. Cuentan Francisco Martín Arrúe y Eugenio de Olavarría y Huarte en su libro "Historia del Alcázar de Toledo" (Imprenta de Infantería de Marina. 1889) que "el fuego en su mayor violencia duró tres días y no se extinguió totalmente en más de un mes":
Patio del Alcázar de Toledo en 1852. Fotografía de Felix Alexander Oppenheim. © Art Library, National Museums in Berlin.

Esperando que la fotografía sea de vuestro agrado sólo me queda agradecer de nuevo a Ludger Derenthal y a la institución que dirige la cesión gratuita de la imagen para Toledo Olvidado. Sin duda, todo un privilegio poder ver por vez primera en Toledo una imagen tomada aquí hace la friolera de 160 años.
© TOLEDO OLVIDADO
Maira Gall